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LA VANGUARDIA 07/03/2002

AMMAR ABDULHAMID, POETA Y ESCRITOR
"Odiamos a las mujeres por envidia"

IMA SANCHÍS


-Qué lleva en la cartera?
-Algo que la sorprenderá.

-¿Usted con una estampa de la Virgen María y el niño?
-Sí, mi bisabuela y mi abuela eran católicas ortodoxas, pero para mí tienen un valor simbólico.

-¿Qué representa la Virgen para usted?
-Yo le digo a mis amigos que, entre otros, representa mi complejo de Edipo.

-¿Estaba enamorado de su madre?
-Todo Siria lo estaba. Mi madre era una actriz muy famosa, he pasado toda mi vida a su sombra. La Virgen para mí simboliza el amor incondicional de la madre y Jesús es el arquetipo del hombre, que siempre quiere cambiar el mundo para ofrecérselo a su madre porque no puede aceptarse a sí mismo.

-¿Y su padre?
-Es un conocido director de cine, pero no tiene la celebridad de mi madre y durante muchos años fue un problema para mí ver que mi padre estaba a la sombra de mi madre. Lo veía tan poca cosa...

-¿Por eso se hizo fundamentalista?
-En el instituto los otros niños me trataban mal porque tenían muchos celos de mi madre. Todo fue muy difícil hasta los 19 años, cuando me fui a Estados Unidos. Crecí aislado y la religión fue un apoyo importante y la manera de relacionarme con los otros.

-¿Qué ocurrió en la universidad?
-A los 21 años la abandoné y me fui a Los Ángeles como imán de la mezquita: era un integrista y un gran conocedor de las leyes coránicas. Pero todo cambió cuando apareció la novela de Salman Rushdie.

-¿"Versos satánicos"?
-Sí, yo no podía aceptarla, pero tampoco era partidario de la fatua. Me di cuenta de que bajo ningún concepto podía utilizar y aceptar la violencia contra el intelecto. Creo que encontré mi propia forma de pensar y poco a poco fui cambiando mi vida. Decidí volver a la universidad y estudiar Historia. Hoy sé que la mayoría de los problemas de los países árabes son culturales. Para cambiar los gobiernos totalitarios debemos primero cambiar la mentalidad.

-Pero se fue al otro extremo: ahora es ateo.
-Fueron muchos años de estudios humanistas. Pero también hay un hecho concreto: participé en un coloquio sobre el diálogo entre religiones y junto a mí tenía a un experto en ateísmo. Sus ideas eran las que yo había estado anotando en los últimos años en mis cuadernos y me di cuenta de que nadie que creyera en un dios era capaz de escribirlas.

-Pero usted rezaba.
-Sí, a diario hacía los ritos musulmanes.Dejé de creer en el dios de los hombres, de los musulmanes o de los católicos. Ahora creo en la espiritualidad sin definiciones.

-¿Pudo resolver sus complejos maternos?
-Cuando era imán, cada domingo debía dar una lección sobre la ley islámica en la mezquita. El día que tocó hablar sobre la menstruación tuve la capacidad de ver que allí ocurría algo muy poco natural.

-¿El qué?
-Entre nosotros no había ni una sola mujer. La ley islámica explica cómo tratar a una mujer menstruante. Dice, por ejemplo, que durante esos días la mujer no puede tocar el Corán porque es impura. Durante toda la historia del islam -1.400 años-, los únicos que han escrito sobre la menstruación han sido hombres y llegan a detalles increíbles.

-¿Por ejemplo?
-Los imanes que estudiaban la menstruación pedían a las mujeres que trajeran sus compresas y, teniendo en cuenta el olor y el color de la sangre, establecían el grado de pureza y clasificaban a las mujeres.

-Francamente primitivo.
-Tanto el islamismo como el judaísmo tienen prejuicios contra la mujer menstruante. Dos años después volví a topar con este tema en un curso de antropología en el que se habló de los ritos de ciertas tribus australianas.

-¿En qué consistían esos ritos?
-Los hombres se abren el pene con un cuchillo para sangrar como las mujeres porque tienen celos de la fertilidad femenina. Este contraste entre las religiones y creencias más antiguas del hombre me impresionó.

-¿Alguna conclusión?
-Al cabo de unos años decidí investigar y escribí "Menstruación", donde reflexiono sobre la fascinación de los hombres por las mujeres que genera una especie de sospecha hacia éstas.

-¿Así se crece en Siria?
-Sí, con una cierta sospecha, miedo, envidia e ignorancia hacia el mundo femenino. El único método de saber sobre las mujeres es imaginar y casi todas nuestras imaginaciones no son reales. El resultado de esta ignorancia es el odio. Y esta situación se repite en la mayoría de los países musulmanes.

-¿Nos odian?
-No de una manera explícita. Pero creo que hay mucha misoginia en la cultura musulmana.

-¿Occidente es diferente?
-Me parece que en el fondo aquí existen los mismos problemas. En el mundo islámico hay una condena de la sexualidad y aquí hay una obsesión. Una sociedad que produce pornografía y comercia con el sexo no es una sociedad sin problemas. La pornografía es otro modo de clasificar a las mujeres.

-No lo había pensado.
-Las que aparecen en las portadas de las revistas y de los vídeos tipifican una mujer que no es la real. Y esa clasificación responde a una obsesión por controlarlas y así someterlas. Aunque objetivamente esta sociedad es más abierta, la realidad es que no es un problema de civilizaciones: es un problema humano que está por resolver.


Tengo 35 años. Nací y vivo en Damasco (Siria). Me licencié en Historia en EE.UU. y estudié astronomía en Moscú. Me he casado hace un mes y mi mujer tiene dos hijos. Soy consultor económico y propietario de una editorial. Soy liberal. Fui católico, musulmán y ahora soy ateo. Publico "Menstruación" con la editorial Emecé.
 

 

 

 

 

Freedom


Have you really forgotten who I am, Brother? Have you really forgotten who I am, Brother?

 


I

lust

for

salvation,

 Brother,

as

though

it

were

a

woman,

and

I

 -

 a

man.

 
 

 
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